Camila Quezada Báez no es solo una artista multimedia dominicana. Es, ante todo, una joven mujer valiente. Una de esas personas que se atreven a desafiar las expectativas para abrazar lo que de verdad las hace felices, aunque eso signifique empezar desde cero.
Nacida y criada en Santo Domingo, Camila recuerda que su primer contacto con el arte fue desde muy pequeña: “Dibujaba en todos lados. Tenía mis cuadernos y todos los de la casa llenos de dibujos”, dice con una sonrisa. Y aunque ese amor por lo visual siempre estuvo presente, su camino inicial la llevó por una ruta muy distinta: la odontología.
Una carrera que forjó su carácter
Decidió estudiar odontología por decisión propia. No hubo imposiciones ni presiones externas. “Me parecía una carrera interesante, muy completa y con un fuerte componente humano”, explica. Y aunque la culminó con éxito, la sensación que la invadió al terminar no fue orgullo ni entusiasmo, sino alivio: “Ya no tenía que salir a buscar pacientes para aprobar la clínica”, recuerda entre risas.

Camila Q. Báez mientras cursaba uno de los semestres de Odontología en la UASD
Fue a mediados de la carrera cuando sintió que algo no encajaba. Mientras algunos compañeros encontraban satisfacción en atender pacientes, ella experimentaba ansiedad, incluso pánico. Intentó ignorarlo, pensó que era el estrés. Pero al graduarse, comprendió que no era eso. La pasión por esa profesión no estaba ahí.
Darse permiso para cambiar de rumbo
Tomar la decisión de cambiar de carrera no fue fácil. “Me daba miedo empezar otra vez a los veintitantos. Sentía que todos a mi alrededor pensaban en maestrías, mientras yo pensaba en comenzar de nuevo”. Sin embargo, con el tiempo entendió que retroceder también puede ser avanzar.
Durante la pandemia, Camila redescubrió su amor por el dibujo, esta vez de forma digital. Comenzó a experimentar, a aprender por su cuenta, y algo se encendió en su interior. Fue entonces cuando decidió aplicar a una beca del MESCyT para estudiar Tecnología en Multimedia. “Cuando envié mi solicitud, cerré los ojos y le dije a Dios: que sea lo que tú digas”. Meses después, recibió la noticia: ¡había sido aceptada!
Una nueva vida, una nueva vocación
La reacción de su familia fue una mezcla de apoyo incondicional y cero sorpresa. “Creo que ya sospechaban que algo así pasaría, incluso antes que yo”, cuenta. Aun así, no todo fue color de rosa. Sentía temor por no encontrar trabajo, por la edad, por su falta de experiencia en el área creativa. La primera entrevista fue un fracaso. Pero no se rindió. A partir de ahí, el panorama comenzó a cambiar y las oportunidades no dejaron de llegar.

Hoy, Camila trabaja en una empresa internacional haciendo lo que más le gusta: ilustración, diseño web y motion graphics. Antes incluso de graduarse ya había colaborado en ilustraciones para libros, diseñado identidades visuales para marcas emergentes y trabajado en diseño gráfico para redes sociales.
Lo que dejó la odontología
Aunque ya no ejerce, Camila no reniega de su primer título. Muy al contrario, lo valora. “La odontología me aportó carácter, disciplina, organización. Me enseñó a trabajar bajo presión. Y eso me ha servido muchísimo en mi carrera actual”. Todavía conserva sus instrumentos, y aunque no planea volver a usarlos, reconoce que esa etapa fue esencial para convertirse en quien es hoy.

Un mensaje poderoso: nunca es tarde
Camila está construyendo su propio estudio creativo, un espacio donde unir todas sus pasiones: ilustración, diseño, contenido digital. Su visión es que este proyecto se convierta en un referente de colaboración creativa tanto en República Dominicana como fuera del país.
Desde sus redes sociales, comparte recursos, tutoriales y tips para artistas autodidactas. Su comunidad crece, así como su impacto, demostrando que el conocimiento también puede compartirse desde la experiencia personal y auténtica.

¿Y el éxito?
Para ella, el éxito no se mide en títulos ni en validación externa. “Es estar en paz con las decisiones que tomas, sentir que lo que haces tiene sentido para ti y saber que estás creciendo en el proceso”.
A quienes temen cambiar de carrera o de rumbo, Camila les dice sin rodeos: “Si está en tus manos hacerlo, hazlo. El miedo no desaparece, pero es parte de tener el valor de atreverse. La vida es muy corta para pasársela haciendo algo que no te hace feliz”.
Con historias como la de Camila Báez, queda claro que nunca es tarde para tomar el camino correcto, ese que te hace vibrar por dentro. A veces, el paso más valiente que podemos dar es escuchar nuestra voz interior y tener la fe suficiente para seguirla.